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Silicon Valley se mete en política

 

El intento de Zuckerberg, patrón de Facebook, de influir en el debate migratorio divide a Washington y al mundo tecnológico | El lobby de Zuckerberg ayuda con anuncios anti-Obama a republicanos pro inmigración

Silicon Valley se mete en política

Mark Zuckerberg, creador de Facebook, en primer plano; Barack Obama, presidente de EE.UU., al fondo. GYI

 

Washington y Silicon Valley -separados por un continente, dos husos horarios y 4.500 kilómetros- parecen universos distintos.
Washington, según la caricatura extendida en el resto de Estados Unidos, es la capital de los burócratas y los lobbistas, la ciudad de la política en su peor expresión, el lugar donde cualquier decisión requiere renuncias y componendas y donde, en vez de resolverse los problemas del país, se agravan por la ineficacia de los partidos y sus representantes.
Silicon Valley, según una percepción también extendida, representaría el genio y la innovación de la primera potencia, la mayor concentración de materia gris del país, el faro que ilumina el futuro de la humanidad.
Ambos universos entran en contacto esporádicamente. Lo habitual es que los candidatos a las elecciones presidenciales visiten el valle californiano para recaudar dinero y quizá, una vez en el cargo, pidan consejo a sus capitanes para diseñar estrategias económicas y empresariales.
Cuando Silicon Valley se mete en política, como han hecho algunos magnates y empresarios en las últimas semanas, las cosas se complican. El intento, liderado por Mark Zuckerberg, fundador y jefe de Facebook, de influir en la reforma migratoria, ha topado con resistencias en Washington e incomprensión entre algunos de sus colegas en la industria tecnológica.
"Normalmente Silicon Valley no se preocupa por Washington. Está demasiado ocupada con sus cosas. Cree que Washington es una molestia. En su cultura y sus valores está completamente desconectada de Washington", dice desde California Vivek Wadhwa, veterano empresario tecnológico e investigador universitario. "Es la primera vez que Silicon Valley se implica en la política de D.C., porque tiene que hacerlo".
Para Silicon Valley, la reforma del sistema de inmigración que ha empezado a tramitarse en el Congreso es una oportunidad para abrir las puertas del país a más ingenieros e inversores tecnológicos extranjeros. La idea es que la fuerza económica de EE.UU. es inseparable del dinamismo que aportan los inmigrantes.
Ahora se da la paradoja de que las universidades de EE.UU. educan a extranjeros a los que, después, no permiten quedarse aquí, con lo que son sus países de origen los que se benefician de esta educación costosa y prestigiosa.
"¿Por qué, después de educarlos, echamos a más del 40% de estudiantes graduados en Matemáticas que no son ciudadanos de EE.UU.?", se preguntaba Zuckerberg, de Facebook, en un artículo publicado en abril en The Washington Post. El artículo sirvió para presentar ante la opinión pública FWD.us, una organización fundada junto a otros magnates de Silicon Valley.
El grupo pretende presionar al Congreso para que apruebe la reforma migratoria. Para ello ha contratado a experimentados estrategas políticos en Washington. "Siguiendo sus prácticas habituales, gastan el dinero de Silicon Valley con anuncios crudos y cínicos", ha escrito el periodista George Packer en The New Yorker. Una de las primeras acciones ha consistido en apoyar a senadores como Lindsey Graham, de Carolina del Sur, un republicano favorable a la reforma migratoria que afronta posibles rivales más derechistas en unas primarias.
El anuncio de Graham no defendía la reforma migratoria -ni siquiera la mencionaba- sino que atacaba con virulencia la reforma sanitaria de Barack Obama y le reprochaba al presidente demócrata su apuesta por las energías renovables, causas populares en Silicon Valley. El objetivo es promover las credenciales conservadoras de Graham para ayudarle a frenar los ataques de sus rivales derechistas frente a un electorado de derechas contrario a la reforma migratoria.
Estos métodos han provocado deserciones en FWD.us, como la de Elon Musk, fundador de Tesla, el fabricante de coches eléctricos. "Juegan el juego de la política sucia. En América puedes sobornar legalmente a los políticos: es lo que se llama contribución a las campañas. Así que intentan usar contribuciones de campaña para comprar a políticos que puedan ayudarlos", lamenta Vivek Wadhwa. "Para mí es moralmente erróneo. En Silicon Valley no creemos que sea efectivo".

 

Fuente: La Vanguardia

Marc Bassets

Marc Bassets | Sigue a este autor en Twitter

Washington Corresponsal

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